martes, 13 de octubre de 2009

Memorias de un loco asesinado

Me vi solo entre leones desalmados que buscaban un despiste para atacarme sin piedad. No se trataba de un juego enfermizo que me situaba en el punto de mira de enemigos impacientes, sino de una sociedad que se me echa encima y me advierte que estoy en peligro de extinción. Caí entonces por un barranco donde al final de su rocosa trayectoria pude encontrar a personas como yo, seres semejantes que en algún momento de sus vidas pasaron por el mismo peligro y que ahora con todos sus defectos asumen su nuevo hogar. Las sombras que se proyectaban desde arriba a menudo parecían obras de teatro psicodélicas que te daban la alerta de que algo iba a pasar. Sólo un pensamiento se me pasaba por la cabeza, el de huir cuanto antes, pues éramos ratones en una ratonera y sólo era cuestión de tiempo que empezáramos a desaparecer uno a uno, como si fuesemos objetos de investigación. Así que clavé mis uñas en las rocas y escalé con todas mis fuerzas para intentar alcanzar la lejana cima. Una voz melancólica me dijo que huir era una locura. Allá arriba no sería más que un conejo entre leones, un ser inferior destinado a desaparecer.


Pasaron meses. A veces se acercaban seres de arriba, nos observan como si estuviesen ante anomalías naturale,s preguntándose por que la naturaleza puede manifestar semejante crueldad. Sentía una extraña sensación de rareza por ver a tantos ojos expectantes analizando cualquier movimiento, y señalando con el dedo para reseñar que nuestros comportamientos eran anormales. 
Una mañana triste, en la que despertándose el cielo nos lo robaron con un objeto que hacía de tapón, descubrí que ese enorme cráter en el que ahora nos movíamos como en nuestra casa, había sido creado de forma artificial. Fue entonces cuando reflexione sobre sus posibles razones, y sobre sus posibles salidas hacia el exterior. Aproveché el momento en el que las sombras habían desaparecido y busque aberturas que me diesen un camino por donde huir, hasta el momento en que... ¡Eureka! Una roca desencajada con un icono tallado en piedra dejaba la sospecha de que un lenguaje en clave se había utilizado en aquél lugar. Un lenguaje que pronto pretendía descubrir. Me adenté por el oscuro camino formado por amasijos de piedra y cuando llegue al final pude observar el museo del horror; al fondo encontré una enorme placa metálica que contaba brevemente la crudeza de una guerra social que aún estaba por terminar. La autentica semilla de la discriminación impregnada en las tierra del señor del mal.

Semanas después terminé de leerme todos los datos necesarios para buscar una explicación a tanto aislamiento que los míos estaban sufriendo. No encontré absolutamente nada que explicase esa situación, pero si aprendí algo importante, a camuflarme entre los opresores que llevaban la sartén por el mango.


Me colé entre los más celebres líderes de la sociedad que un día me tiró a un cráter diseñado a conciencia, y me acogieron como a uno de los suyos, siendo el mismo, pero con distinto disfrazar. Fui declarado como un ser apto para compartir lo que ellos llamaban “Pulcherrimus Mundus” el lugar de los dignos. Una noche asistí a un acto ritual nocturno, entonces recordé las sombras que con tanto temor se veían desde el crater. Mi pregunta fue clara y contundente, solté sin más el interrogante que decía: ¿por qué los tenéis encerrados? Los timbales dejaron de sonar, las cornetas se apagaron como el sol en invierno y entonces un gesto pudo llegar a mis ojos, señalándome que me alejase hasta una choza cercana. Hice caso. Allí me encontre con el individuo que presidia el ritual, esas palabras aún no han cicratrizado. La explicación rompió mi corazón, y no porque yo perteneciese a esa sociedad maliciosa y menospreciada, sino porque fue el momento en el que me di cuenta de los males del mundo. Era la peor cepa humana, la discriminación.


Le di vueltas. Lo pensé una y otra vez antes de sacar una conclusión, pero al fin llegó, y no en vano, pues siendo ellos los mas asesinos, más anti-naturales y más despreciables habían creado en su entorno el mundo admirable en el que todos eran perfectos.


Me acerqué otra vez al cráter mediante el túnel por el que salí. Como un salvador guié a los míos a luchar por sus derechos. Una vez arriba, unidos en el mundo de los dignos, pasó lo que tenía que pasar. Lo mismo que pasa cuando una sociedad opresora se encuentra frente a la sociedad oprimida, estalló el conflicto que tantas lágrimas esperaban, el momento de gritarle al mundo que estamos creados de la misma materia y sentimos lo mismo.


La realidad es que la sociedad más débil terminó en el cráter. El conflicto fue escrito como un acto de vandalismo y maldad por parte de los que un día fueron mi sociedad. Hoy duermen bajo tierra, como trofeos de guerra, o al menos, la mayoría de ellos.


Esta noche me toca ser castigado por mi traición. Se me ha reservado un acto especial, pero espero que algún día alguién encuentre mis memorias y las utilice como un arma que apoye la igualdad entre sociedades. Mientras mi corazón se pare cerrare fuertes los ojos y pensaré un mundo más justo.

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