lunes, 21 de diciembre de 2009

Volando en el espacio

Tus lágrimas son semillas que caídas en mis tierras fértiles dan vida a las plantas más bellas que jamás el mundo pudo crear. Es, pues, un bosque de preciosas flores de colores el que dejas a tu alrededor cuando lloras por mi ausencia en los remotos lugares que nos aguardamos. Quizás no notaste mis manos cuando cubrí a tu puro corazón de toda la cruel negruzca que en el abismo se asienta. No obstante, no dormiste sola en tu agonía. Dormiste a mi lado, aunque con ojos de cristal verde no pudiste contemplarme. Cada noche sigo las mágicas señales que delatan tu posición, esos brillantes polvos que no pasan desapercibidos, y que crean en mi imaginación un paraíso que poder compartir contigo, ¡en sueño se convierte! No temas mi princesa con alma de diosa, jamás tendrás que cambiar más tu suave piel por aquella de acero blanco, que protegida te mantiene de todo ser maligno. Ya no soy tu príncipe, ni tu dios, soy el amuleto que sin tenerlo presente siempre cuidará de la dulce miel que tus ojos brotan al entristecer, de los hermosos sonidos que tus labios, como dos islas paradisiacas, emiten al expresar penuria por no encontrarme en el lugar que tantas veces hemos soñado. Esta noche tengo una sorpresa para tus tensos músculos. Un espectáculo de mágia y color donde participarán las estrellas, y hasta la mismísima luna, y saliendo de la rutina; no te invitaré a beber vino, sino el elixir que las estrellas emanan cuando el amor se les presenta; no te invitaré a cenar en un vulgar lugar de la Tierra, sino que la luna será el escenario de la noche inolvidable que veras acontecer, y jamás caeré en la agotada situación de acostarnos frente a una pantalla para hacer de una noche algo esplendoroso, sino que te llevare a ver un espectáculo en vivo, un juego de luces y colores que es, sin duda, el acontecimiento más impresionante que un ojo humano pueda observar jamás; te enseñaré la divinidad del universo, navegando por los mares estrellados, y venciendo a los negros agujeros que tragan todo aquello que se aproxime. Espero que por una noche no seas tan solo una princesa con alma de diosa, quiero que seas una diosa con sentimientos nobles. Y si de todos los mundos que te puedo ofrecer, ya sean islas de paraíso parecer, o burbujas subterráneas de preciosa flora y fauna, el que más deseo es el que tú y yo podamos crear, volando por el cielo con alas doradas, mientras los planetas expectantes se mantengan. Te llevaré bajo el agua, te dejaré navegar conmigo, te agarraré de la mano cuando tierra fría tus pies sientan o te abrazaré cuando en fuego te conviertas haciendo daño a mi sensible piel. Pero si algo quiero contigo, es que vueles a mi lado, en mágicas noches de sueños dorados.

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