Cuán es la grandiosidad de los hombres
Que oprimidos se encaraman del martirio
Visten sedas de angustia en la noche
En Madrid no duermen los oídos
Fortaleza sin escudo de señores
Que al manejo se aproximan por su ajuar
Desalentados se levantan los caídos
Dando cuerda a un gran cambio social
Y que negarles si la asfixia los conmueve
Es la hora de que elijan su andar
Alzado el ánima del enjambre que no cede
Hoy soy feliz, porque el pueblo vuelve a hablar
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