lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Por qué estudio Periodismo?

Quizás una pregunta que azote con fuerza es aquella que se centra en el núcleo del objeto, y en este caso, en la profesión. Nos encontramos estudiando constantemente los fenómenos que suceden en un determinado campo, e incluso nos familiarizamos con estas teorías. Detrás de tanta dedicación y empeño por lograr ser aquello que un día nos propusimos y que, desde un punto de vista optimista, conseguiremos, cabe remontarse hasta el principio, el momento en el que aun éramos pequeñas crías que aprendíamos a pasos agigantados para poder sobrevivir.

Desde el momento en que nacemos, hasta el momento en que morimos, debemos tomar multitud de decisiones que afectarán al transcurso de nuestras vidas. Esas decisiones están movidas por un sentimiento, un sueño, una idea, un objetivo que deberá evaluarse.

Abiertamente voy a hacerme esa pregunta frente a la pantalla de mi ordenador. Utilizando los dedos como herramientas, voy a preguntarme a mí mismo, y a buscar dentro de mí, cuál es la razón por la que he decidido estudiar Periodismo.

Inmediatamente después de formular la pregunta, miles de razones saltan en mi imaginación. Resulta difícil definir cuáles son más relevantes, pero sin duda, la mayor razón es la escritura. En una edad avanzada adquirí cierta curiosidad por la producción de arte escrito. Con regularidad intenté ejercitar esa habilidad tan humana como es la escritura. Con el tiempo esos textos quedaron obsoletos, y la sed aumentaba progresivamente. Quizás el periodismo sea la manera para crear nuevos textos, y descubrir herramientas para su fabricación.

Las palabras tienen un poder enorme. Son capaces de entristecer, de alegrar e incluso son capaces de ayudar a la gente. Las palabras no sólo son poder, también son arte, pues un texto puede enamorar con su armoniosa poesía, el ritmo, y la musicalidad que llega hasta el corazón, y que nos hace suspirar. La escritura es hermosa sin tener colores. Es la esencia de lo que yo entiendo por belleza.


Otra gran razón que salta en mi imaginación es la sabiduría, esa sofía que tanto enriquece. Llena por dentro, aunque por fuera sólo haya vacío. El periodista debe saber lo que pasa a su alrededor, el periodista debe ser sociólogo, político, economista, debe saber de leyes, porque el periodista es un informador, y para informar bien a la gente hay que saber lo que se está diciendo. Según cómo se mire, el periodista también es profesor, y todos los lectores son alumnos que siguen la prensa, ven la televisión o escuchan la radio para aprender de todo lo que está pasando. Ser periodista es no parar de adquirir conocimientos. Es estar constantemente aprendiendo cosas nuevas.

Si aún no he dado suficientes respuestas, quiero añadir que me maravilla informar, que la gente me escuche y aprenda algo de lo que pueda aportarles, que sin ser un libro pueda proporcionarles información necesaria. El periodismo también es solidaridad, ayuda y amabilidad el arrojar luz sobre la oscuridad de la gente.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Contra corriente

El reloj marcaba las siete de la tarde, recordándome con su sonido que llevo una hora más esperando a que se mueva la boya. Mi caña, con apariencia hostil, me susurra su deseo de recoger el anzuelo, como el que elimina la esperanza para no herirse. Por momentos parece aliarse con madre naturaleza cuando el frío traicionero empieza a burlarse de la ropa, atravesando sus delicados tejidos, y la sal de la mar se filtra por los lugares más molestos del complejo cuerpo humano. Las nubes son amables al ofrecer blaco atavío al sol. El viento egoísta, por soplar para que todo aquél que le sea un reto mantenerse en equilibrio se ponga a prueba con los más altos niveles de dificultad. La lluvia llega dando otra oportunidad, limpiando todo aquello que el polvo ha cubierto con sus monótonas manías de hacerlo todo viejo, dando esperanza a los que no crean en nuevos amaneceres. Me voy. Recojo mi caña y ceso por una vez más, pues no me gratifica un pez agitado por la marea rebelde, que parece querer luchar conmigo. No me gratifica darle la oportunidad de hacerme sentir mal, al darme cuenta de que no hay peces que pescar, sino causas absurdas por las que luchar. Cuando no sea absurda la causa  no recogeré la caña, es más, no tirare la caña, porque seré yo mismo el que me tire a la mar para nadar contra la corriente y alcanzar mi objetivo, demostrando que no le tengo miedo, que voy a nadar hasta que las olas se sientan ridículas a mi lado. Voy a tocar a mi pez, y susurrarle al oido que no hay causa más hermosa que desafiar lo natural para alcanzar y mimar lo que con tanta veneración he admirado. Élla. No se trata de un pez, sino de una princesa. No se trata de una caña, sino de un corazón que se encarga de esperar con anhelo a que un pez poco común alimente sus latidos y dé hermosos motivos para nadar contra la corriente.
Rompía otra mañana, con las luces encendidas

los faros de las calles, y los coches que salían

un llanto descontento al fondo aparecía,

era una niña abandonada, que en su lecho, no dormía

Un vagabundo trastornado que el alma le dolía

dio a esa criatura una vida muy querida

con los años esa niña, que tan sola había vivido

fue princesa de un príncipe que todo había tenido

un buen día, la princesa ya herida en sus latidos

dejó la corona en una esquina, y al príncipe perdido

una vida, mas bien sola, que la princesa había tenido

fue la causa de la hora en que élla al cielo ha partido

Saltaste a mi barco vital
y escondida te encontré entre mis brazos
asombrado os pregunte yo
¿Bella dama, de donde salió vos?
de una estrella fugaz me caí
contesto con mirada de amor
pues un ángel que lleva tu nombre
a tu vida me destino