martes, 8 de noviembre de 2011

Veinte generaciones de esclavitud


El camino oscuro que cada mañana se interpone entre su hogar y su trabajo es sólo un síntoma más de la enfermiza vida que lo atormenta. Batís, un veinteañero rudo y arcaico, era el menor de tres hermanos que convivían en una enorme casa de madera, muy alejada de la ciudad, hecha por Babío, el progenitor y cabeza de familia. La vida era cómoda, monótona y muy rustica. Un mundo agrícola con una mezcla de olor a fruta fresca y polvo en suspensión. Años atrás, desde los antecedentes más remotos que el boca a boca mantuvo vivo, la situación no había sido preocupantemente caótica, pero un hecho marcaria la vida de aquella familia. Grandes barcos habían llegado a esas tierras calurosas. Fascinados y con gratitud, exploraron el entorno como si hubiesen descubierto el mismísimo cielo. Eran sorprendentes aquellas enormes casas flotantes de madera, verdaderos dinosaurios acuáticos creados por el hombre.

Como era costumbre, domingos se reunían para comer en colectividad, un encuentro al que cada semana fueron asistiendo menos lugareños. Las ascuas disminuían, al mismo ritmo que la cantidad de comida, el sonido incesante de las conversaciones se fue apagando, y ahora se podía oír la naturaleza en su conjunto, un autentico elixir de sonidos que reflejaba la ausencia humana. Esa mañana, cuando el sol demostraba su fuerza imperante, las redes cayeron dando caza a los que serían las máquinas del nuevo mundo, capturados como conejos a la espera de su fin, como una especie inferior y débil que ahora debe huir. Los ojos se teñían de gris ceniza al ver como el fuego demostraba su poderío, alimentándose de lo que sólo volverían a recordar en silencio, por miedo al castigo. La rustica casa que Babío tan sacrificadamente había construido era ahora una mancha voluminosa en el suelo, que años más tarde se allanó para crear una carretera. Batís, Grenuí y Yerit obtuvieron un pasaje directo a la esclavitud. Una dolorosa situación que no vería su fin hasta el día de sus entierros. Babío y su mujer Juli desaparecieron cuando aquellos enormes conjuntos de madera flotante fueron siendo testigos de la curvatura del planeta. Junto con la felicidad fueron desapareciendo ante los rostros enrejados de aquellos que un día nacieron de su amor.

Sus vidas no han sido dignas de contar. Lo cierto es que ni han tenido la dignidad de la vida, hasta la esperanza estaba podrida y carcomida. Eran unos cuantos desgraciados esperando el momento de la muerte. Sus hijos correrían la misma suerte y, a su vez, los hijos de estos también pasarían por lo mismo. Unos embarazos de conveniencia más similares a las granjas que a los hogares, pero que funcionaban generación tras generación.
Era tormentoso pensar que no había nada en la vida por lo que sonreír, por eso inhibieron la capacidad de pensar, pero más tormentoso era levantarse cada mañana con el miedo de que a la noche un tortuoso castigo les impidiese conciliar el sueño.

Quizá fueron veinte generaciones más tarde, en realidad nadie se ha molestado en contarlas, cuando Salam disfrutó de la libertad, una libertad limitada por lo que un día fueron sus padres, controlada y juzgada por su cepa. Aunque este cuarentón ancho y sudoroso podía presumir de no ser un esclavo más, no era más que el producto del egoísmo y la compasión del mundo. El error malamente corregido, la publicidad política de un país que habla en nombre del humanismo con la voz chirriante de un dominio. Los ojos de Salam nunca ha podido sentir la dulce brisa de las aguas de su tierra, ni toser por el irritante polvo que el viento transporta desde el norte.  Salam forma parte de una nueva generación de esclavos, donde el castigo no es con látigos, sino con hambre, y donde su dueño no es humano, sino el dinero.

Cada mañana se despierta por el asfixiante calor que desprenden las vías del metro al rozar con las ruedas de hierro de la máquina, es el aviso de que tiene que salir a trabajar. El sol aún está lejos, camina a oscuras la distancia entre su hogar y su trabajo. Si la empresa para la que trabaja abriese más tarde le faltarían horas para crear beneficios. A pesar de ello, cuando Salam llega a su casa, el sol hace tiempo que ya ha partido hacia otro lugar.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La Gomera, Islas Canarias

Como inauguración de la serie de producciones audiovisuales Planeta, se presenta oficialmente en este blog un breve documental sobre la isla de La Gomera. Las imágenes no son de buena calidad. Los escasos medios tecnológicos y la inexperiencia técnica se hacen notar en este primer capítulo de Planeta. Espero que les guste y, sobre todo, que hagáis críticas constructivas para seguir mejorando.








domingo, 4 de septiembre de 2011

El despertar de los sometidos

Cuán es la grandiosidad de los hombres
Que oprimidos se encaraman del martirio
Visten sedas de angustia en la noche
En Madrid no duermen los oídos

Fortaleza sin escudo de señores
Que al manejo se aproximan por su ajuar
Desalentados se levantan los caídos
Dando cuerda a un gran cambio social

Y que negarles si la asfixia los conmueve
Es la hora de que elijan su andar
Alzado el ánima del enjambre que no cede
Hoy soy feliz, porque el pueblo vuelve a hablar

lunes, 21 de diciembre de 2009

Volando en el espacio

Tus lágrimas son semillas que caídas en mis tierras fértiles dan vida a las plantas más bellas que jamás el mundo pudo crear. Es, pues, un bosque de preciosas flores de colores el que dejas a tu alrededor cuando lloras por mi ausencia en los remotos lugares que nos aguardamos. Quizás no notaste mis manos cuando cubrí a tu puro corazón de toda la cruel negruzca que en el abismo se asienta. No obstante, no dormiste sola en tu agonía. Dormiste a mi lado, aunque con ojos de cristal verde no pudiste contemplarme. Cada noche sigo las mágicas señales que delatan tu posición, esos brillantes polvos que no pasan desapercibidos, y que crean en mi imaginación un paraíso que poder compartir contigo, ¡en sueño se convierte! No temas mi princesa con alma de diosa, jamás tendrás que cambiar más tu suave piel por aquella de acero blanco, que protegida te mantiene de todo ser maligno. Ya no soy tu príncipe, ni tu dios, soy el amuleto que sin tenerlo presente siempre cuidará de la dulce miel que tus ojos brotan al entristecer, de los hermosos sonidos que tus labios, como dos islas paradisiacas, emiten al expresar penuria por no encontrarme en el lugar que tantas veces hemos soñado. Esta noche tengo una sorpresa para tus tensos músculos. Un espectáculo de mágia y color donde participarán las estrellas, y hasta la mismísima luna, y saliendo de la rutina; no te invitaré a beber vino, sino el elixir que las estrellas emanan cuando el amor se les presenta; no te invitaré a cenar en un vulgar lugar de la Tierra, sino que la luna será el escenario de la noche inolvidable que veras acontecer, y jamás caeré en la agotada situación de acostarnos frente a una pantalla para hacer de una noche algo esplendoroso, sino que te llevare a ver un espectáculo en vivo, un juego de luces y colores que es, sin duda, el acontecimiento más impresionante que un ojo humano pueda observar jamás; te enseñaré la divinidad del universo, navegando por los mares estrellados, y venciendo a los negros agujeros que tragan todo aquello que se aproxime. Espero que por una noche no seas tan solo una princesa con alma de diosa, quiero que seas una diosa con sentimientos nobles. Y si de todos los mundos que te puedo ofrecer, ya sean islas de paraíso parecer, o burbujas subterráneas de preciosa flora y fauna, el que más deseo es el que tú y yo podamos crear, volando por el cielo con alas doradas, mientras los planetas expectantes se mantengan. Te llevaré bajo el agua, te dejaré navegar conmigo, te agarraré de la mano cuando tierra fría tus pies sientan o te abrazaré cuando en fuego te conviertas haciendo daño a mi sensible piel. Pero si algo quiero contigo, es que vueles a mi lado, en mágicas noches de sueños dorados.

Otro amanecer

Amanecía como cualquier otra mañana de invierno. Frío en cada rincón de mis más dulces anhelos. Me levante, sustituí el marchito calor que se durmió como un vago recuerdo, arropándome con una sabana de seda blanca que imitaba la suave piel de una diosa en gozo máximo de juventud. Y mientras me dirigía a la ducha, antes cascada de agua cristalina, que no de sirena, sino de ninfa venia acompañada, pude notar el susurro de la soledad, que estremesía mis tímpanos con golpes humedecidos por las lágrimas. Desdicha soledad, que como el despertador de mi mesita de noche, se hacían notar todas las mañanas sin demoras ni malestar. Entonces tropecé, y no con el zapato de cristal de una princesa que había convertido en castillo el lugar donde Cupido pinto su diana, y al que yo llamo cama, sino con un cacharro de comida para mi gato. Con mucho esfuerzo intenté verter en él, el cariño que me sobraba. En el suelo, observando el techo que parecía cobrar vida debido a los efectos que el alcohol dejó en mi cuerpo la noche anterior. Noche que, como tantas otras, no puede conciliar el sueño, ya que dios niño quiso castigarme por mi absurda temeridad. Fue en suelo donde comprendí que no era más que un esclavo de mis recuerdos que encadenaban toda esperanza de un mañana soleado, llenando de lluvia y nubes esos amaneceres de invierno, en los que mis ojos se convertían en nubes y mis lágrimas en lluvia. Me levanté, me armé de valor, y con la sabana de seda en mis pies decidí luchar contra esa fragancia que mi olfato aún no ha olvidado. Una lucha con armas forjadas en los talleres de la razón, las únicas que por lo pronto me podrían servir, pues los  talleres del amor no son accesibles, ya que mi corazón aún está conquistado por un enemigo a derrotar. Y entonces, con el frio deslizándose por mi entristecida piel, me llegaron al recuerdo las palabras de un sabio que en una taberna de pueblo varias veces me encontré: "cuando realmente amas algo debes dejarlo marchar".

lunes, 16 de noviembre de 2009

El universo de la lengua


El mundo está plagado de teorías que intentan descubrir los secretos del universo, ese misterioso al que aún no se le ha dado un tamaño. Existen universos con tamaño y sin finida. Un universo que podemos percibir de inicio a fin con nuestros ojos, y que sin embargo puede albergar una infinidad de hermosas ideas,  es el cerebro humano, ese complejo órgano que actúa como un dios creador de vida, una verdadera máquina de fabricar. No hablamos sólo de fabricar elementos materiales, sino de fabricar ilusiones, sueños, de fabricar letras y relacionarlas entre ellas, articularlas y ascender hasta el arte, contemplando el arte de la escritura como la hermosa criatura que se esconde detrás de la tinta y el papel.


 El poder de la imaginación no tiene límites, no entiende de física porque no vive en la Tierra. Es un poder que no depende de otros y del que no se nos puede privar. La imaginación es ser libre estando entre rejas, poder volar sin tener alas o poder crear lo que parece imposible. A través de los sentidos se aprecian las maravillas de la poesía o los encantos de una escritura bella y armoniosa.


Quiero demostrar que estoy utilizando un arma. Quiero dar rienda suelta a esa imaginación de la que hablaba. Hacer ver que son palabras las que construyen las ideas, las teorías, las artes y las ciencias. Son palabras las que encierran el significado de las cosas, el significado de la vida y las bases para poder interpretarla. La lengua es poder, es el más puro rasgo de nuestra racionalidad y de nuestra capacidad para llegar más alto que cualquier otra especie. Es por ello que la lengua es el conocimiento más necesario para la vida humana, la lengua provoca guerras y establece paz, es sobre todo la lengua aquella pintura que embellece la literatura.
 

Podemos imaginar diferentes partes del mundo si describimos esos lugares. Si expongo un cielo azul, coronado por un hermoso arcoíris y presidido por un maravilloso sol que expresa felicidad, automáticamente todos podemos imaginarnos ese cielo esplendido que nos recuerda estar dentro del planeta Tierra.  Quizás de forma distinta nos crearemos una imagen u otra. Se trata de la libertad de crear un césped verde y una brisa que llega a los oídos como música enternecedora.

La lengua es la más noble de las sabidurías, la que da sentido a todo lo que nos rodea. Es poder. El poder de la paz y del entendimiento, el poder de la comunicación. La lengua es el instrumento para prosperar, y siendo utilizado por las más antiguas civilizaciones, es el camino hacia el futuro. Y es que la lengua, disfrazándose con diferentes mascaras, nos acompañará durante toda nuestra vida.